Cambios en el cuerpo
Los cambios en el cuerpo por las hormonas no avisan. A mí me pillaron repasando cada día lo que hacía, buscando el fallo en el sitio equivocado.
Comía parecido a como he comido siempre. Me movía parecido. Y aun así la ropa dejó de cerrarme, el cuerpo se me puso de otra forma y el peso subió sin pedirme permiso.
No fallaba lo que yo estaba mirando. Fallaban las hormonas.
Te lo cuento porque llevo tiempo escribiendo aquí sobre alimentación, inflamación y lipedema, y creo que ya toca decir de dónde sale todo eso. No sale de una estrategia de contenidos. Sale de mí.
Lo que me pasa, contado sin adornos
Tengo las hormonas descolocadas. No es una manera de hablar: es algo que llevo tiempo vigilando, con revisiones y con esa sensación incómoda de estar pendiente de algo que no manejo yo.
He cogido peso. Y lo he cogido sin cambiar lo que hacía, que es la parte que más desconcierta y la más difícil de explicar cuando alguien te suelta, con toda su buena intención, que comas menos y te muevas más.
Estoy en la premenopausia. Y a la vez llevo meses metida a fondo en el lipedema, leyendo, preguntando y escribiendo sobre él.
No he venido a contarte esto como si lo tuviera resuelto, porque no lo tengo. Sigo en la lucha, con días buenos y días en los que me miro en el espejo y tardo un segundo de más en reconocerme. Pero he aprendido dos cosas que ojalá alguien me hubiera dicho antes.
¿Por qué cambia el cuerpo cuando cambian las hormonas?
Porque las hormonas hacen bastante más que regular la regla. Intervienen en dónde se acumula la grasa, en cómo duermes, en el ánimo y en la energía con la que te levantas. Cuando esos niveles bajan o se desordenan, el cuerpo se recoloca, y lo hace aunque tú no hayas tocado ni un plato ni una rutina.
El NHS lo dice sin rodeos: coger peso durante la perimenopausia y la menopausia es frecuente, y suele ocurrir alrededor del abdomen y en la parte superior del cuerpo. En esa misma lista aparecen los dolores articulares, el insomnio, los cambios de humor y los problemas de concentración.
Leer eso me quitó un peso distinto del que había cogido: el de creer que me había dejado.
Que sea frecuente no significa resignarse. Significa que no eres tú fallando. De la etapa de los sofocos ya te hablé por aquí, y sigue siendo lo que más me preguntáis.
¿Y qué pinta el lipedema en todo esto?
El lipedema es una acumulación de grasa dolorosa y desproporcionada, sobre todo en las piernas, que afecta casi siempre a mujeres y que responde mal a la dieta y al ejercicio. El NHS explica que su causa exacta no está clara, que no lo provoca tener sobrepeso y que puede tener relación con los cambios hormonales de la pubertad, el embarazo, la menopausia o la píldora. A veces, además, viene de familia.
Cuando lees eso después de años oyendo que es cuestión de voluntad, algo se coloca en su sitio.
Yo no vengo a ponerte un diagnóstico, ni a ponérmelo a mí. Eso lo hace un profesional, en consulta, y no un artículo. Lo que sí puedo darte es la palabra, para que llegues a la cita con la pregunta ya formulada. Tienes las señales una a una en qué es el lipedema y por qué no es solo grasa, y las diferencias con otras cosas que se le parecen en lipedema, celulitis y obesidad.
Por qué en esta web hay tanto keto, tanta dieta antiinflamatoria y tanto lipedema
Porque no son tres temas sueltos que salieron de una lista de ideas. Son tres piezas de la misma búsqueda, y la búsqueda es la mía.
Cuando empiezas a tirar del hilo de las hormonas acabas en la inflamación. De la inflamación acabas en cómo comes. Y de ahí llegas a la dieta antiinflamatoria, a los antioxidantes, al keto y a la pregunta que de verdad importa: qué hay demostrado detrás de cada cosa y qué es simplemente ruido.
Lo que me he encontrado por el camino ha sido mucho ruido. Mucha promesa fácil dirigida justo a mujeres que están cansadas, doloridas y hartas de que no las escuchen.
Así que aquí va lo que menos me apetece escribir, pero es lo que hay. Una revisión de 2026 en Nutrition Reviews concluye que hoy no existe un tratamiento dietético probado para el lipedema, ni suplementos con eficacia demostrada en este grupo. Con la dieta cetogénica hay señales interesantes, y también una revisión de 2025 en Maturitas que avisa de que la mayoría de esos estudios tienen un riesgo de sesgo de moderado a alto.
Traducido: hay pistas, no hay atajos.
Por eso en este blog no vas a leer que algo lo cura. Vas a leer qué se sabe, qué no se sabe todavía y qué puede acompañar mientras tanto. Es menos vendible y es lo único que me parece honesto.
Lo que he dejado de hacer, y lo que sí me sostiene
He dejado de pedirle cuentas al peso cada mañana, porque ese número no cuenta ni la mitad de la historia. He dejado de buscar el alimento culpable, ese que supuestamente lo explica todo y que nunca aparece. He dejado de usar el ejercicio como castigo por lo que comí ayer. Y he dejado de callarme en la consulta, que quizá sea lo que más me ha cambiado el año.
Lo que sí me sostiene es más aburrido y funciona mejor. Comer bien sin listas de prohibidos, que es justo de lo que va la dieta antiinflamatoria cuando se cuenta sin humo. Moverme a mi ritmo: la Organización Mundial de la Salud habla de 150 a 300 minutos semanales de actividad moderada, y eso es un horizonte al que se llega poco a poco, no un examen semanal. Si hoy son diez minutos, son diez minutos, y lo tienes desarrollado en ejercicio suave sin castigar tu cuerpo.
Dormir mejor y bajar el ruido de alrededor. Y contarlo, que es lo que estoy haciendo ahora mismo.
No estás sola, y ahora te toca a ti
Si has llegado hasta aquí asintiendo, quiero pedirte una cosa. Cuéntamelo.
¿Qué es lo que más miedo te da de todo esto? ¿Que no te crean? ¿Que vuelvan a decirte que es cuestión de fuerza de voluntad? ¿Mirarte y no reconocerte? ¿Que sea para siempre?
Escríbemelo en los comentarios o por privado, como te salga. No hace falta que sea bonito ni ordenado. Lo leo yo, y me sirve para saber de qué escribir después, porque este blog se hace bastante con lo que me contáis.
Tu cuerpo no te ha traicionado. Está atravesando un cambio, y tú estás aprendiendo a acompañarlo. Eso no es rendirse. Es otra manera de pelear.
Aviso responsable
Este contenido es informativo y no sustituye la valoración de un profesional sanitario o dietista-nutricionista. Si tienes diabetes, enfermedad renal, enfermedad hepática, enfermedad cardiovascular, tomas medicación, estás embarazada, das lactancia, tienes antecedentes de trastornos de la conducta alimentaria o sospechas que puedes tener lipedema, consulta con un profesional cualificado antes de iniciar cambios importantes en tu alimentación o estilo de vida.